La situación que planteo ahora mismo no es ninguna actitud, ni tampoco un trabalenguas, pero sí bastante difícil. Es la situación en la que se va a encontrar en breve sumergida la empresa en la cual trabajo. Y es la explicación de por qué publiqué esto hace unos pocos días.

Durante el último mes ha habido bastantes despidos en la empresa en la que trabajo. Concretamente cinco despidos, además de cuatro becarios que se han quedado sin beca. Alguien podría pensar que no se trata de una cifra demasiado alta, pero si os digo que en la empresa hemos quedado 12 contratados y 4 becarios, la cosa cambia ¿verdad?

Pensábamos que la cosa quedaría ahí. Pero no. El jueves pasado, el gerente y el representante de la asesoría con la que trabajamos nos notificaron que, durante esta semana, se van a iniciar los trámites para solicitar a la autoridad laboral un expediente de regulación de empleo. De momento no se va a despedir a más gente, pero sí se va a reducir la jornada laboral al 50% para todos los contratados. Bueno, para todos menos para mí, que ya estoy a jornada parcial; que si no, yo tampoco me libraba.

La situación no es plato de buen gusto para ninguno de nosotros. No niego que la empresa ahora mismo hace aguas por todas partes, pero por eso precisamente pienso que esto no lo arregla ningún ERE. No hay un plan definido para salir de esto, o al menos no es ningún plan que conozcamos. Bueno, a saber. Mañana traerán toda la documentación para los que han salido elegidos como representantes de los trabajadores. A ver qué pone ahí.

De momento lo único que veo son caras largas y gente agobiada. Lo entiendo, y de hecho creo que mi cara es parecida a la de ellos. Pero no deja de dolerme que hayan pagado justos por pecadores. Se ha despedido a gente atendiendo a criterios puramente económicos, es decir, calculando cuáles eran los que salían más baratos. Y no se ha tenido en cuenta nada más: ni su trabajo, ni sus ideas, ni sus iniciativas, ni siquiera el valor que aportaban a la empresa. Resulta que no hay ventas mínimamente significativas desde hace mucho; la situación se remonta a antes del comienzo de la crisis, así que la situación económica actual no me vale como excusa. Puede haber agravado el problema, pero no es la causa del mismo.

Y en lugar de despedir al responsable del departamento (que lo es, curiosamente, desde poco antes de la caída en picado de las ventas), han despedido a otras personas que muy poco o nada tienen que ver con las mismas.

Ere que ere.